Femicidios y genocidios

Carlos Rozanski en las noticias de Bangladesh - Congreso sobre Genocidio

Hace algunas semanas, en Daca, la capital de Bangladesh, participé de un Congreso sobre genocidio, exponiendo sobre el proceso argentino contra la impunidad.

Uno de los paneles, conmovedor como todo el evento, se tituló “Reconocimiento, restitución y rehabilitación de las víctimas de la violencia sexual en la historia asiática”. El representante del reino de Camboya, narró que decenas de miles de mujeres de ese país, fueron víctimas de “matrimonios forzados”, con desconocidos. Estos crímenes se cometieron durante el genocidio llevado a cabo por el régimen del “Khmer rouge” entre 1975 y 1979, en el que se exterminó un cuarto de la población Camboyana (alrededor de dos millones de personas). Allí, luego de las masivas ceremonias de unión en matrimonios, los guardias genocidas vigilaban a las forzadas parejas durante tres días en los que, en encierro, debían mantener relaciones sexuales. Esta vigilancia, así como toda la operación criminal, tenían como alegado fin, lograr el aumento de la población para el trabajo de la tierra en el cultivo de arroz. Así, una vez nacidas las criaturas, eran separadas para siempre de sus madres y entregadas al control del régimen. Luego, la directora del museo “Womens Active Museum on War and Peace” de Tokio, explicó el proceso de “apropiación” de decenas de miles de mujeres -niñas y adultas – en sus países de origen -Indonesia, Corea, Filipinas, China, Taiwan, Malasia y Timor Oriental- por parte del ejército japonés. El fin de esos secuestros, fue trasladarlas a las denominadas “estaciones de confort”, diseminadas en todo Japón. En esos centros, eran esclavizadas para brindar “confort sexual” a los soldados japoneses.

Estos hechos tuvieron lugar desde 1930 hasta el final de la segunda guerra mundial. La primera noticia pública de este sistema perverso fue gracias a una sobreviviente coreana en agosto de 1991. Su testimonio empoderó a otras víctimas de diferentes países que, al día de hoy, ya muy ancianas, se encuentran reclamando al gobierno japonés, reparación por el indescriptible sometimiento padecido. Finalmente, los expertos Bengalíes, se refirieron a las mujeres de ese país conocidas como “birangonas”. Se trata de cientos de miles de mujeres violadas durante el genocidio cometido por el ejército Pakistaní y sus colaboradores locales, en el año 1971, a partir del cual en 9 meses, fueron asesinadas más de dos millones de personas.

Actualmente, impulsado por el gobierno, las sobrevivientes, son reconocidas como “heroínas de guerra”, asimiladas a los denominados “freedom fighters” (luchadores por la libertad), que resistieron el genocidio y lograron la liberación de Bangladesh, y como tales reciben, además, ayuda económica y social. La Corte Suprema de ese país, se encuentra hace años llevando a cabo juicios por el citado genocidio.

Carlos Rozanski en las noticias de Bangladesh - Congreso sobre Genocidio en Dhaka

Tuve el privilegio de ser invitado a permanecer en una audiencia en el contexto del juicio que se desarrolla en estos días. Allí, en un escenario extraño para nosotros, con dos jueces de la Corte Suprema, a “sala vacía” (sólo se permitió la presencia de dos fiscales y dos defensores), se hizo ingresar a una pequeña anciana, vestida íntegramente de negro con una “Burka” que le cubría el rostro. Comprendí entonces, que la razón de la sala vacía, era que la diminuta mujer, era una “birangona”, violada hace casi cincuenta años por los genocidas. Para el juramento de rigor, al igual que durante su relato, corrió el velo de su rostro, pudiéndose distinguir las imborrables huellas que esos crímenes dejan en el rostro de las víctimas.

Es imposible transferir el sentimiento de una escena como la descripta, donde la teoría se hace carne en una “pequeña-enorme” mujer, vestida de negro, que en un idioma lejano relata su calvario. Sin embargo, cada palabra desconocida, cada gesto y cada tono de voz, lo comunica todo. Era una más de las millones de “birangonas” ultrajadas a lo largo de la historia. A los pocos días de mi regreso, se realizó en nuestro país, la marcha “ni una menos”. Como otros años, surgió inevitable la brutal contradicción entre la excelente legislación protectora que fuimos capaces de elaborar, y la repugnante impunidad que no fuimos capaces de combatir. Y así será hasta el día en que desde el Estado se tome la decisión política de hacer cumplir esas leyes, comenzando por una justicia “libre de misoginia”. Hasta entonces, habrá que seguir gritando, y cada vez más fuerte.
Carlos Rozanski

Carlos Rozanski junto a Daniel Feierstein y Jueces de la corte suprema de Bangladesh
Carlos Rozanski junto a Daniel Feierstein y Jueces de la corte suprema de Bangladesh

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